Si la obligación principal de los padres es educar y formar a sus hijos, resulta irresponsable pensar que, por llevarlos a un buen colegio —público o privado—, su formación queda delegada por completo a la institución, evadiendo así dicha responsabilidad. Del mismo modo, enviar a los hijos a un colegio religioso no implica delegar la formación moral y religiosa. Este es un grave error, ya que la educación —sobre todo en sus bases y principios— es una tarea indelegable de los padres, salvo contadas excepciones.
Por ello, no deben permanecer pasivos frente a la institución educativa. Al contrario, deben cumplir activamente con las siguientes tareas:
Control. No debe limitarse únicamente al aspecto académico —como revisar tareas o verificar el cumplimiento del trabajo y las normas en clase—, sino que debe ir más allá. Implica enseñar hábitos de orden, trabajo y limpieza, cualidades que se reflejan en la manera de realizar las tareas, mantener los cuadernos y responder los exámenes.
Inspección. Los padres están obligados a conocer qué se enseña en la escuela y cuáles son sus lineamientos en materia formativa. Esto incluye conocer a los maestros, a los compañeros de sus hijos e incluso al personal que labora en la institución.
Es fundamental que los padres conozcan a los docentes en cuanto a su moralidad y principios, ya que estos se manifiestan en sus lineamientos, orientaciones y en la forma de expresarse en el aula con los alumnos. Cuando sea necesario, los padres deben dialogar con los directivos del plantel para que observen el desempeño de los docentes y corrijan posibles fallas o deficiencias, así como también para reconocer y resaltar su buena labor, que suele ser la norma general.
Asimismo, con delicadeza, los padres pueden señalar al maestro aspectos particulares relacionados con su hijo o incluso con el grupo en general, elementos que puedan ser de utilidad para mejorar la calidad de la formación y fortalecer la relación entre docentes y alumnos. La sinceridad, expresada sin rodeos pero con respeto, permite realizar una corrección fraterna cuando existan deficiencias en el trato hacia los alumnos o cuando este se aparte de la educación moral y humanista que deben recibir.
En muchas ocasiones, también es oportuno hacer sugerencias que contribuyan a mejorar las actividades de la institución en general o del aula en particular. Con seguridad, la dirección del plantel escuchará y valorará cualquier indicación que beneficie a la institución o al alumno.La comunicación entre padres y maestros no debe faltar. No se trata solo de conocerse, sino de mantener un diálogo constante y bidireccional, centrado en el comportamiento del alumno y del grupo, así como en su rendimiento y conducta escolar.
No cabe duda de que la educación es un trabajo en equipo, y el interés que los padres demuestren hacia la institución contribuirá significativamente a una mejor formación de sus hijos

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